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 Arte Breve de Cocina |
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Por Santiago Corrales (Syrah). Información: Francisco Argudo (Mollar) Socios Club Murcia Gourmet.
En la serranía de Málaga nos encontramos con una localidad privilegiada por sus vistas, por su clima y por el caracter de sus gentes, nos referimos a Ronda. Un visita recomendada a cualquier persona que guste de callejear por calles con historia, disfrutar de fantásticas vistas y observar los caprichos de la naturaleza en forma de cortes de mas de 200 metros de altura.
Sin extendernos en lo que todo el mundo sabe, queremos llamar la atención sobre la experiencia que los amantes de la buena mesa, bien sean gourmets o no, pueden disfrutar en el Parador de Ronda. Nos referimos al menú Serranía Gastronómica. Un auténtico desfile de platos bien preparados y con presentación sobresaliente que muestra las características y bondades de la Gastronomía Rondeña. Lo más interesante es que en estas fechas, se puede disfrutar de esta degustación por un precio de 28 euros. Para que el que está leyendo esta recomendación tenga mas capacidad de crítica dejamos publicado la composición del menú degustación.
Menu la Serranía Gastonómica en el Parador de Ronda.
Bocados Rondeños. Tortillitas de Tagarninas Crujiente de Rabo de Toro Queso de Cabra con Confitura de Tomate
Guiso de Huerta Menestra de Verduras a la Serrana Con Pirriñaca
De Pasto y Bosques Caldereta de Chivo con Chantarelas y Castañas del Valle del Genal
Postre Serrana Pero de Ronda al Vino Dulce con Helado de Meloja sobre Pan de Almendras
En definitiva es un recorrido por la historia de la Cocina Rondeña expresado en breves bocados para saborear la cultura la tradición de sus productos. Como últimas palabras para esta recomendación, el consejo de visitar la bellisima localidad de Ronda y disfrutar de menús como este.
Mas información del parador de Ronda: http://www.parador.es/es/cargarFichaParador.do?parador=105 |
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 El sabor de la tierruca en el Restaurante Pozodulce |
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Por José Ramón Carrasco de la Sierra, Socio del Club Murcia Gourmet
“Siendo La Montaña mi tierra madre, todo me parece poco para pintarla y hasta para "traerla en boca": porque quisiera yo que todos la vieran, la sintieran y la amaran como yo, que la tengo en la masa de la sangre” (José María Pereda)
La cocina tradicional cantabra con gustos y aromas de los verdes prados de la comarca de Trasmiera se puede degustar en este acogedor restaurante situado en la pedanía de Miranda (Cartagena). La mejor carne del norte se presenta al comensal en estado puro en forma de chuletón vacuno que evoca los mejores sabores de la montaña. Todo aquí rezuma carácter pasiego. En los entrantes, por ejemplo, nos encontramos con unas deliciosas anchoas de santoña traídas especialmente y casi de forma exclusiva de un pequeño negocio familiar de aquellos lares. Igual origen tienen las conservas de bonito que acompañan a las anchoas. Pimientos de piquillo rellenos y queso de cabrales completan los preparativos del plato principal. Hemos hablado del chuleton, pero la estrella de este restaurante son sus cocidos. Todos los días sirven cocido montañes aunque si el visitante avisa con tiempo se puede degustar el cocido lebaniego, todo un lujo difícil de encontrar a orillas del mediterráneo. Al cierre, magníficos postres entre los que sobresale el "pozodulce" y el obligado orujo de liebana acompañado de la mejor miel.
Pero es en la conversación con Valentín Pereda y su maravillosa familia dónde uno puede acercarse a la verdadera personalidad de los habitantes de la montaña. Su historia es la historia de muchos cantabros que a base de tesón, trabajo y abnegación emprendieron camino hacia otras tierras ofreciendo al mundo el ganado más apreciado en sus propiedades y en su sabor. Atravesando la península de punta a punta, Valentín y su familia fueron pioneros en traer la cotizada carne y leche de estos animales a la Región de Murcia, allá por principios de los ochenta.
Para los que echan de menos la tierruca o simplemente quieren conocer su esencia, no deben dejar de visitar un evocador rincón del establecimiento. Junto al pozo de agua dulce que da origen a su nombre, existe un genuino museo de la montaña con piezas únicas e irrepetibles que contribuyen a evocar los valles melancólicos que hacen de Cantabria una tierra verdaderamente infinita.
Restaurante PozoDulce
Calle PozoDulce, 1 Miranda. PozoEstrecho. Cartagena.30319.968169084 |
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 En Madrid auténtica Cocina Gallega en Olar de Galicia |
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Por Santiago Corrales, Socio del Club Murcia Gourmet:
He tenido la oportunidad de conocer paseando por el madrileño barrio de Canillejas, exactamente en la calle Julián Camarillo nº59 un rincón de Galicia en el centro de la Capital de España, me refiero al Restaurante O'lar de Galicia.
He de reconocer que me acerqué bien aconsejado y acompañado por un experto catador de buenas viandas y buenos caldos, mi hermano, que de habitar por tierras murcianas a buen seguro sería sin dudarlo socio de nuestro club.
Sorprendente, quiza sea un calificativo con el nivel de veracidad adecuado para definir este pequeño y familiar restaurante. En el momento de entrar, uno ya se dá cuenta de que el trato va ser de distancia muy corta y afable, retirado de todo protocolo quizá cargante de otros restaurantes. Su dueño Pedro Gil, al que deseo desde estas líneas agradecerle como nos hizo olvidar el transcurrir del tiempo en su local, te dirige personalmente desde la puerta hasta la mesa y te orienta sobre las especialidades de su cocina.
Pero vamos a dejarnos de alagos, agradecimientos y entremos en materia. CALIDAD en mayúsculas es lo que se puede decir de cada uno de los platos que tuvimos la suerte de degustar. Calidad sin contemplaciones y sin paliativos, vuelvo a insistir a riesgo de ser reiterativo pero sinceramente es lo que mas me llamo la atención.
En cuanto a la elaboración de los platos decir que se trata de una cocina sin pretensiones extrañas, muy ceñida a lo que el protocolo de la cocina gallega tracicional manda, con apuntes de marca de la casa al incluir por ejemplo boletus en platos de pescado y mariscos o su novedad arroz con callos.
En cuanto a los manjares que el que escribe pudo disfrutar se encuentran por ejemplo unas zamburiñas en revuelto con setas excepcionales. Pero quizá el plato que más me cautivó, y soy un aficionado al pulpo, es el pulpo braseado en piedras. Sobresaliente a la par que espectacular son los calificativos de este plato. No voy a extenderme, solo decir que es hacerse un favor a uno mismo probar el pulpo como lo preparan en O'lar de Galicia.
 Pulpo Braseado
En carta se tiene la posibilidad de tomar carnes y pescados gallegos, (en mi próxima visita seguramente probaré el bacalo al gusto de Pedro), pero nos decidimos bien acosejados por Pedro Gil a probar un arroz con carabineros y berberechos. Si existe el cielo, tiene que ser parecido a poder saborear este arroz, recomendable sin duda alguna.
 Arroz con Carabineros y Berberechos.
En cuanto a vinos, no hace falta pensar, el vino blanco de la casa, embotellado con su propia etiqueta, es perfecto como maridaje desde el princio al fin de la comida o cena. Se trata de un vino que mezcla albariño con godello en porcentajes que no me fueron desvelados y que producen familiares del dueño del Restaurante.
En definitiva, O'lar de Galicia es un restarante donde uno se siente bien atendido, trato muy familiar, una cocina entre los parámetros deseados, unos productos de primera, un precio razonable (50-60 euros persona) y una decoración "a la gallega". Una combinación perfecta para cuando uno esté en Madrid y quiera disfrutar de Galicia pueda hacerlo ahorrandose el viaje. Por si esto fuera poco, durante todo el año se pueden experimentar jornadas gastronómicas organizadas en el propio restaurante.
Datos del Restaurante:
O'lar de Galicia C/ Julián Camarillo nº 59 28037 Madrid Telf: 913 047 076 Web: http://www.olardegalicia.es/ |
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 Cocina de Avila en Posada de Doña Cayetana |
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Por Norberto Miras, Socio del Club Murcia Gourmet
Situada en la parte posterior de la Iglesia de Santa Maria La Mayor de Piedrahita, Provincia de Ávila, otrora castillo de la Reina doña Berenguela, encontramos la antigua casa de los Sánchez de Rivera, hoy Posada de doña Cayetana, pues toma el nombre de la de Alba, siendo la villa de Piedrahita cuna del ducado.
Durante la pasada década la gastronomía avilense ha dado pasos de gigante hasta conseguir reconocimiento. Un nuevo estilo de comida local se ha extendido, refinando la materia prima, que es de por sí excelente, buscando en sus platos una ambiciosa mezcla de exquisitos sabores con un sello de simplicidad e innovación.
Y es que Ávila, celebra de continuo un renacer de sus más antiguas tradiciones, allí no existe el plato combinado, se inventa la nueva cocina desde el figón de piedra.

Las claves de la cocina de la Posada Cayetana son la simplicidad, los sabores más puros de Castilla León, los ingredientes orgánicos... Todo viene a mano por su posición geográfica, la carne de caza del vecino Gredos, el jamón de Guijuelo, la alubias del Barco.
La firma de la casa es su cordero con lasaña de berenjena y salsa Rosemary, el nido de carne de buey con crujiente de cebolla y una versión “a lo divino” de las patatas revolconas.
En sus platos se aprecia la armonía en la combinación de los sabores, favorecida por una atmósfera fuerte y personal en su decoración y –no se lo pierdan- sus camareras con riguroso traje negro, cofia y delantal.
Mas información: www.posadadonacayetana.com |
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 Apuntes gastronómicos desde el Valle de la Orotava |
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Por José Ramón Carrasco de la Sierra (Socio del Club Murcia Gourmet)

Quién esto escribe no sabe porqué antes de partir hacia Tenerife se topo con uno de esos rumores que a fuerza de escuchar reiteradamente uno termina por creerse. Más que un rumor, se trataba de un aviso que daba por cierto que la gastronomía no era uno de los puntos fuertes de la isla con más contrastes del archipiélago canario.
Es evidente con solo hacer una pequeña aproximación que los bufets de determinados hoteles y de determinados tours turísticos pueden hacer mucho daño a la imagen gastronómica de una región sobre todo cuando el turista se marcha sin haber conocido otra cosa y quien viaja tras ellos – como ha sido nuestro caso - no tiene la suerte de toparse con otras opiniones.
Y es que Tenerife ofrece al turista deliciosos rincones cargados de tradición maravillosamente atendidos por unas gentes que aprecian al viajero en lo que vale como fuente de ingresos pero también como embajador hacia el mundo de rutas, paisajes y productos apreciados en los cinco continentes desde hace siglos.
Como siempre en cada viaje, es imprescindible el consejo y la guía de las gentes del lugar para sumergirse de pleno en sus mejores atractivos. En esta ocasión tuvimos la suerte de partir desde el Hotel Alhambra, residencia del siglo XVIII con sólo cinco habitaciones lujosamente restaurada y enclavada en el centro de La Orotava, localidad que además de albergar en su término municipal a ese gran gigante que es el Teide, da nombre a uno de los valles más hermosos de la isla. Muchos dirán que es un tópico común y desgastado, pero es difícil encontrar un servicio que combine tan espléndidamente como en este hotel la cercanía y la confianza con un trato respetuoso, exquisito y muy profesional. Desde allí, guiados por su director Jordi Fernández Giner, nos acercamos a la Casa del Vino La Baranda, escaparate de los mejores malvasías y que es fiel testimonio del pasado, el presente y el futuro de cinco denominaciones de origen (Valle de la Orotava, Valle de Guimar, Ycoden-Daute-Isora, Tecoronte-Acentejo y Abona). Es necesario haber recorrido cada uno de los microclimas de esta isla para entender cómo es posible que en un territorio más pequeño que la Región de Murcia se pueda catar un crisol tan grande de variedades de uva muchas de las cuales ya sólo se cultivan aquí (como el caso de la uva listán presente en tintos jóvenes con resultado magnífico). Punto de unión entre el nuevo mundo y la vieja Europa, la fama de los vinos canarios trascendió fronteras y hasta William Shakespeare y otros autores de los siglos XV, XVI y XVII dieron cuenta de ellos en la literatura de la época. Este museo ofrece la oportunidad de catar cuantos caldos se desee y ofrece al visitante la posibilidad de degustarlos en su restaurante acompañados de una cocina de buen nivel.
Precisamente la gran demanda interna de estos vinos ha hecho resurgir las tabernas típicas conocidas como guachinches, otra de nuestras paradas en el viaje. Regulados legalmente tras muchos años de disputa con los establecimientos tradicionales, estas tascas familiares no ofrecen las comodidades de aquellos pero son fiel reflejo de la cocina más tradicional y autóctona de la isla de Tenerife. Abiertos sólo en determinadas épocas del año, son generalmente regentados por cosecheros que ofertan al visitante local – es muy raro encontrarse aquí turistas - la oportunidad de acompañar el vino de su producción con las clásicas papas arrugadas (cuyo reducido tamaño las convierte casi en un manjar de aperitivo), la carne fiesta (cerdo en adobo), esplendidas tortillas, deliciosas chuletas, chorizo, asadura asada, salchicha, y un largo etcétera a precios extraordinariamente económicos.
Esta isla también es afortunada por sus sabrosos pescados que derrochan calidad y frescura. Tuvimos la ocasión de comprobarlo en el Restaurante El Sótano de San Juan de la Rambla, localidad enclavada entre plataneras con preciosos barrios. Lamentablemente, y aunque pueda parecerlo, no es fácil encontrar pescado verdaderamente fresco y no son muchos los restaurantes que lo ofrecen. El Sótano es uno de ellos y precisamente para poder encontrar sitio se recomienda ir a primera hora. Lapas, Vieja – pescado canario por antonomasia- y Dorada dieron forma a nuestro menú acompañados del siempre obligado mojo en sus distintas formas.
Retornando a la localidad de la Orotava, un amable lugareño – Jesús Hernández – al que no conocíamos de nada nos paró por la calle y nos pidió que le dejáramos ser nuestro guía durante una visita guiada al Liceo de Taoro, joya arquitectónica y social de la villa, demostrándonos ante nuestra sorpresa que todavía es posible la utopía de seguir encontrando gente que no trata de aprovecharse del turista sino simplemente de hacerle más agradable su visita. Tras esta inesperada parada, repostamos en el Restaurante Sabor Canario, dónde probamos el gofio - harina de cereales tostados marcadamente ancestral –, una magnífica carne de cordero y un conejo al salmorejo (cuya palabra no tiene relación alguna con el salmorejo peninsular).
En definitiva, una variada y sabrosa gastronomía rebosante de simpatía y buen hacer gracias a las gentes que atienden al viajero como en pocos sitios.
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 Cabo de Gata, una buena opción a la vuelta de la esquina (III) |
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De la “trilogía del dollar” al Arrecife de las Sirenas…
Por Rodrigo A. Borrega Fernández (Socio Club Murcia Gourmet)

Para no perderse:
El mirador de La Amatista, pasado Rodalquilar, camino de Isleta del Moro. Vistas espectaculares.
El recorrido por pista de tierra desde el lavadero de las minas de oro de Rodalquilar –impresiona- hasta el Cortijo del Fraile, el paisaje alucinante, con alguna sorpresa de poblados fantasmas y al final de una pista entre pitas (que ha salido en un montón de spaghetti westers) llegáis al Cortijo del Fraile, que es el mas famoso de todo el parque porque allí aconteció los hechos reales de la obra “Bodas de Sangre”… La construcción es muy decadente pero tiene un aire muy especial…
El faro de Cabo de Gata. Muy popular y buenas vistas. Debéis ir por la carretera de la Almadraba de Monteleva, porque la que viene de San José esta cortada!!! Es verdad que dais mas vuelta pero es la única vía y merece la pena ir por la tarde porque el paisaje se vuelve único.
Los Albaricoques, es una aldea donde se han rodado varios spaghetti westers. Tiene localizados varios escenarios de pelis y todo el callejero es de estrellas de cine que estuvieron allí (Clint Estwood, Lee Van Cleef, Ennio Morricone, Sergio Leone, etc.). Es curioso.
Playas recomendables:
El Playazo, es la playa de Rodalquilar que también es espectacular, tanto por el entorno –con castillo árabe, palmeras, etc.- como por el agua. Tiene un chiringuito muy en condiciones. Detrás de la Batería Militar de San Ramón sale un sendero por el que puedes ir andando a Las Negras con unas vistas espectaculares…
Playa de Mónsul, en San José, es la playa más famosa de todo el parque. En verano sobre las 10.30h cierran el paso a coches porque se llena muy pronto y mantienen una baja intensidad de personas para que se conserve todo bien. Merece la pena madrugar y poder ir en coche hasta el tercer parking y ultimo que está justo a la entrada de la playa. Es inconfundible porque tiene una gran duna fósil en la orilla que parece como una gran ola petrificada. La arena es excepcional y el agua es un lujo. La playa perfecta.
Playa de Genoveses, es la anterior a Mónsul, la primera que se ve en cuanto entras a la pista de tierra de esta zona. Es como una pequeña bahía llena de vegetación. También es espectacular y de una calidad fuera de lo común. Entre ésta y Mónsul hay un sendero por la orilla de 3 kilómetros que une ambas playas y que tiene varias calas – el barronal, se llama esta zona-.
Cala de Enmedio, cerca de Agua Amarga. Casi desierta.
Cala San Pedro, junto a Las Negras; es muy especial pero tiene dos peros: que hay que ir en barca que puedes alquilar en la propia orilla de la playa de Las Negras y que tiene una población hippy permanente porque es una cala que tiene hasta manantial de agua dulce!
Playa de los Muertos, en la carretera hacia Carboneras desde Agua Amarga pasada esta localidad en un par de kilómetros está claramente señalizada. Es una playa larga de piedra fina y agua transparente poco transitada y con fama de peligrosa… pero es imponente. (Nota: para bajar no hacer como todo el mundo y tirarse rambla abajo sino continuar por el aparcamiento hasta el mirador y aprovechar unas escaleras que hay hechas en la roca hasta la propia playa).
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 Cabo de Gata, una buena opción a la vuelta de la esquina (y IV) |
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De la “trilogía del dollar” al Arrecife de las Sirenas…
Por Rodrigo A. Borrega Fernández (Socio Club Murcia Gourmet)

Las Negras, aunque ha perdido un poco su imagen de pueblo pescador conserva su atmósfera en la parte antigua y cuenta con tiendas bonitas, pequeño comercio y algunos barecitos y tabernas para comer y cenar si apetece, especialmente destacamos:
El Manteca (950388077), necesariamente hay que llamar en verano para poder comer. Reserváis una mesa en la terraza que se vuelca sobre la playa y elegís entre un delicioso arroz de marisco y conejo o una sucesión de platos de pescado fresco, moluscos y marisco. Todo de la provincia, en un sitio muy popular con unas vistas que necesariamente os harán disfrutar tranquilamente de la comida.
Bar el Cacho, es tienda y a la vez un bar peculiar donde eliges lo que quieres que te preparen de lo que los pescadores han traído de madrugada.
La Bodeguiya, para tomar una copita en la orilla de la playa, vamos en la misma arena…
En el antiguo pueblo minero de Rodalquilar, ahora apacible y tranquilo núcleo de población con interesantes visitas (minas de oro, antiguo poblado minero abandonado, castillo árabe, espectacular playa, centro de interpretación del parque, etc.), se puede cenar estupendamente en el Restaurante La Tasquilla (950389816), restaurante con cierto aire rural con frecuentes actuaciones musicales en directo y donde se pueden admirar las obras del pintor francés afincado en la zona, Arnaud Berliaz. Un rincón donde degustar una carta correcta con un poco de toda la materia prima de la zona. Pero si nos inclinamos por algo más rápido podemos saborear unas pizzas de miedo –de verdad- en Pampepato (950389703), una pizzería de las de verdad en medio del desierto, nada mas entrar en el pueblo y al lado un bar brasileño, Samambaia. Otro buen lugar para tomar unas ricas tapas elaboradas por alguna de las mujeres del pueblo y una copa al aire libre entre palmeras es la pequeña terraza de un bareto que atiende al nombre de El Polvorín, pegado a la antigua iglesia, en la parte alta, casi llegando a los lavaderos de oro.
Si nos vamos en dirección a San José, debemos hacer una parada en otra población que cuenta con dos símbolos en el parque, uno histórico y otro gastronómico. Pozo de Los Frailes, debe su nombre a un impresionante pozo de agua con noria, lavadero y abrevadero incluido totalmente restaurado que es uno de los emblemas del parque. El emblema gastronómico es nuestra recomendación gourmet, el restaurante La Gallineta.
En el propio San José, la población más importante de todo el parque, hay un sitio muy bueno para cenar, la Taberna del Puerto (950380042), ubicada en el propio puerto pesquero. Se recomienda reservar para garantizarse una mesa fuera, en la terraza. Cenas junto a los barcos de pesca y tienes San José de noche como telón de fondo. El pescado y el marisco son excepcionales.
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 Cabo de Gata, una buena opción a la vuelta de la esquina (II) |
De la “trilogía del dollar” al Arrecife de las Sirenas…
Por Rodrigo A. Borrega Fernández (Socio Club Murcia Gourmet)

Acercarse por el Parque Natural de Cabo de Gata es doblar la esquina de nuestro frenético día a día para adentrarnos en un paisaje atemporal que engancha los sentidos casi sin darnos cuenta… o sí. Porque realmente desde el mismo momento en que nos adentramos en ese mar de arena roja con fondo azul turquesa nos invade la extraña convicción de que somos los únicos testigos de este singular paraíso.
Desde la autovía, el mar de invernaderos que reina en el valle agrícola de Níjar es, si cabe, un elemento disuasorio que genera escepticismo y nos hace preguntarnos si quizás nos hemos equivocado de camino. Realmente es la antesala de esta tierra de contraste en los paisajes que a mi juicio se hace más patente en la entrada por Campohermoso hacia el parque, concretamente hacia las Negras o Rodalquilar. De ese inicial mar de plástico de la puntera agricultura del sureste español nos adentramos por Fernán Pérez en un extraordinario panorama de gran belleza donde todo se nos presenta con una visión relajante y a la vez inhóspita de un paisaje que durante años fue un trasunto del lejano Oeste americano. Quizás la llegada, casi a bocajarro, al Valle de Rodalquilar sea algo que de por sí ya merece la pena, o bien el instante en que la carretera a Isleta del Moro desemboca en el mirador de la Amatista y se encuentra uno de bruces con el mar en toda su inmensidad.
Esta claro que el Parque Natural de Cabo de Gata ofrece un sinfín de buenos momentos y estampas únicas, pero no sólo de paisaje vive uno y hay que hacer las consabidas paradas para descansar y saborear los olores y sabores de este singular espacio natural en la mesa.
Seguramente el aspecto gastronómico ofrezca un valor añadido a una zona de por sí excepcional y eso traiga consigo la excusa perfecta para poder disfrutar de una escapada inolvidable.
Continuara...
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 Cabo de Gata, una buena opción a la vuelta de la esquina (I) |
De la “trilogía del dollar” al Arrecife de las Sirenas…
Por Rodrigo A. Borrega Fernández (Socio Club Murcia Gourmet)

El Restaurante La Gallineta (Pozo de los Frailes. 950380501) es una verdadera sorpresa en estos lares con una carta equilibrada donde, sencillamente, probaríamos todo y un servicio profesional, atento y muy agradable con inclinaciones artísticas, con Rafael Ebrero a la cabeza (www.ebrero.com). Si uno quiere ir después de una mañana de playa nada mejor que un arroz que delata el origen alicantino de los propietarios, la familia Corbí –que regentan otra “Gallineta” en Valencia-. Si el resto de los arroces de la carta son tan espectaculares como el arroz negro con chipirones –de los de verdad- y algas que tuvimos la oportunidad de saborear entonces es pecado no elegir uno (Nota: solo una vez que sale el arroz negro a la mesa se hace en el momento un ajoaceite de impresión que recordaremos mucho tiempo). Comer a mediodía es la oportunidad de disfrutar de una comida en el interior del restaurante, un espacio de calma y bienestar sabiamente decorado y que refleja el espíritu mediterráneo del propietario y su cocina.
Si elegimos la noche, tendremos la oportunidad de cenar en la amplia terraza exterior, donde reina el silencio, las mesas están suficientemente distanciadas unas de otras y la cuidada vegetación y una discreta iluminación hacen el resto.
La carta acoge una selección de platos elaborados que no eliminan un ápice de autenticidad de su excepcional materia prima. Entradas como el ajoblanco con helado de melón y piñones, el salmorejo de pimientos rojos con gamba de Almería o el timbal de chipirones con aguacates y anchoas reflejan una prometedora sucesión de placer gastronómico que se mantiene con platos contundentes como el pescado de mercado sobre base de verduras y salsa de albahaca y propone terminar con un original flan de idiazábal con higos y chocolate o una deliciosa tarta de manzana con helado de canela. En síntesis: imprescindible la visita.
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 Restaurante Atrio, por José Luis Durán Sánchez (socio del club murcia gourmet) |
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El pasado viernes 26 de junio de 2009, con ocasión de un viaje por la provincia de Cáceres, aprovechamos la ocasión para ir a cenar una noche al afamado restaurante Atrio. Lo primero que debemos destacar es el impecable servicio que se hace patente desde el momento mismo de la llegada, en que un personal atento y servicial da la bienvenida al restaurante como si de un domicilio particular se tratara y como si de invitados y no de clientes se tratara. Mención especial merecen tanto el Chef, Toño Pérez, que hasta en tres ocasiones salió de la cocina para interesarse por nuestra cena, y el sumiller, que nos brindó un trato personal y atento y que nos asesoró espléndidamente en la elección de los vinos. El ambiente y la decoración, en una línea muy clásica pero equilibrada, daba un aspecto sereno y favorecía la conversación. Diversas obras de arte alhajaban paredes de un rojo intenso que abrazan al visitante.
Como curiosidad, cabe destacar el cuidado que pone el restaurante en la elección de las distintas piezas del ajuar con el que se sirve a los clientes. Destacan piezas de porcelana de Sevres, buena cristalería, y cubertería de plata, si bien ya algo gastada por el uso. En la carta, además de la enumeración de los diferentes platos, destacan tres menús degustación distintos, que procuran adaptarse al apetito del comensal. Con el fin de poder tener una visión lo más amplia posible de la oferta gastronómica del restaurante, optamos por el más largo, que adaptaron a nuestras preferencias sin problemas.
La cena
Sopa de Champiñón al ajillo Capuchino de foie con hongos y crujiente de maíz Navaja loncheja de ibérico y curry Cigala crema de coliflor y nuez de Macadamia Vieira asada, tomate pochado y aceite de albahaca Salmonete parrilla, caldo de azafrán y falsas escamas crujientes Pluma de ibérico con foie y meloso de melocotón Binomio torta natural y en helado de aceite de vainilla Tocinillo con helado de yogur y tierra de cacao Las golosinas y entretenimientos de sobremesa
En cuanto a los vinos, este restaurante posee una de las mejores cartas de vinos de Europa. Comenzamos con un oloroso de aperitivo. La cena, siguiendo la sabia sugerencia del sumiller, la acompañamos con un “La Calma” de 2006. Un delicioso vino elaborado con uva de una variedad poco frecuente en España, la Chenin Blanc. Con D.O. Penedés, procede de una parcela de 0.89 hectáreas de viñedo plantado en 1982. El paso por las barricas de roble francés unido a las peculiares características de la uva y el sabor del terroir, configuran un vino meloso, sabroso y frutal con notas tostadas. Por último y para acompañar los postres nos sirvieron a sugerencia del Chef, Toño Pérez, un Pedro Ximénez.
A destacar de los platos, la deliciosa cigala con crema de coliflor y el magnífico caldo de azafrán del Salmonete. Mención aparte merencen las golosinas y entretenimientos de sobremesa. Y es que, cuando ya uno piensa que no puede tomar nada más, sale un espectacular surtido de golosinas, finas tejas de distintos sabores, trufas y todo lo que puede soñar el goloso, prolongando la degustación maravillosamente y sin saturar al comensal hasta terminar de convertir la cena en un espectáculo gastronómico y cultural.
Lo mejor: La carta de vinos, el servicio – atento pero sin agobiar- y los petit-fours y entretenimientos de sobremesa. Lo peor: La navaja, con un sabor algo terroso y el emplazamiento de las mesas, demasiado cercanas unas de otras.
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