Fecha:02/07/2009
Club Murcia Gourmet Restaurante Atrio, por José Luis Durán Sánchez (socio del club murcia gourmet)
Club Murcia Gourmet

Restaurante AtrioEl pasado viernes 26 de junio de 2009, con ocasión de un viaje por la provincia de Cáceres, aprovechamos  la ocasión para ir a cenar una noche al afamado restaurante Atrio.
Lo primero que debemos destacar es el impecable servicio que se hace patente desde el momento mismo de la llegada, en que un personal atento y servicial da la bienvenida al restaurante como si de un domicilio particular se tratara y como si de invitados y no de clientes se tratara. Mención especial merecen tanto el  Chef, Toño Pérez, que hasta en tres ocasiones salió de la cocina para interesarse por nuestra cena, y el sumiller, que nos brindó un trato personal y atento y que nos asesoró espléndidamente en la elección de los vinos.
El ambiente y la decoración, en una línea muy clásica pero equilibrada, daba un aspecto sereno y favorecía la conversación. Diversas obras de arte alhajaban paredes de un rojo intenso que abrazan al visitante. 

Como curiosidad, cabe destacar el cuidado que pone el restaurante en la elección de las distintas piezas del ajuar con el que se sirve a los clientes. Destacan piezas de porcelana de Sevres, buena cristalería, y cubertería de plata, si bien ya algo gastada por el uso.
En la carta, además de la enumeración de los diferentes platos, destacan tres menús degustación distintos, que procuran adaptarse al apetito del comensal. Con el fin de poder tener una visión lo más amplia posible de la oferta gastronómica del restaurante, optamos por el más largo, que adaptaron a nuestras preferencias sin problemas.

La cena

Sopa de Champiñón al ajillo
Capuchino de foie con hongos y crujiente de maíz
Navaja loncheja de ibérico y curry
Cigala crema de coliflor y nuez de Macadamia
Vieira asada, tomate pochado y aceite de albahaca
Salmonete parrilla, caldo de azafrán y falsas escamas crujientes
Pluma de ibérico con foie y meloso de melocotón
Binomio torta natural y en helado de aceite de vainilla
Tocinillo con helado de yogur y tierra de cacao
Las golosinas y entretenimientos de sobremesa

En cuanto a los vinos, este restaurante posee una de las mejores cartas de vinos de Europa. Comenzamos con un oloroso de aperitivo. La cena, siguiendo la sabia sugerencia del sumiller, la acompañamos con un  “La Calma” de 2006. Un delicioso vino elaborado con uva de una variedad poco frecuente en España, la Chenin Blanc. Con D.O. Penedés, procede de una parcela de 0.89 hectáreas de viñedo plantado en 1982. El paso por las barricas de roble francés unido a las peculiares características de la uva  y el sabor del terroir, configuran un vino meloso, sabroso y frutal con notas tostadas. Por último y para acompañar los postres nos sirvieron a sugerencia del Chef, Toño Pérez, un Pedro Ximénez.

A destacar de los platos, la deliciosa cigala con crema de coliflor  y el magnífico caldo de azafrán del Salmonete. Mención aparte merencen las golosinas y entretenimientos de sobremesa. Y es que, cuando ya uno piensa que no puede tomar nada más, sale un espectacular surtido de golosinas, finas tejas de distintos sabores, trufas y todo lo que puede soñar el goloso, prolongando la degustación maravillosamente y sin saturar al comensal  hasta terminar de convertir la cena en un espectáculo gastronómico y cultural.

Lo mejor: La carta de vinos, el servicio – atento pero sin agobiar- y los petit-fours y entretenimientos de sobremesa.
Lo peor: La navaja, con un sabor algo terroso y el emplazamiento de las mesas, demasiado cercanas unas de otras. 

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